La "Lógica Democrática" y el Colapso del Lenguaje
(Con ejemplos tomados de la discusión de Acceso Abierto al Conocimiento)
Para quienes (todavía) invocan a Sócrates.
No me malentiendan. La democracia es la mejor solución para la organización de una sociedad humana, pues le otorga a cada persona la misma oportunidad al escoger el destino colectivo. La democracia ha dado muestras de ser la mejor manera de escoger nuestras metas colectivas (se podría decir que para las individuales, la votación va por dentro). Por eso es tan extraño que las aristocracias (u oligarquías) sigan siendo tan comunes en el mundo moderno.
Pero respecto a aquello en lo que debemos creer, la democracia no es solución. Por mucho, o por muchos, que queramos que algo sea el caso, eso puede no ser suficiente para hacerlo realidad. De hecho, cuando desafiamos a la naturaleza normalmente tenemos muchas oportunidades de comprobar que el mundo no es como quisieramos que fuese.
En lógica se dice que un argumento es válido si siempre que sus premisas o condiciones son ciertas, su conclusión es cierta. Esto es así independientemente de lo que queramos o creamos sobre esas premisas y esa conclusión. Invirtiendo esa definición, solemos probar que un argumento es inválido, mostrando una ocasión, un ejemplo o una circunstancia en la que sus premisas son verdaderas, pero no así su conclusión.
Aristóteles soñó con identificar esos argumentos válidos, de una vez y para siempre, de manera que pudieramos enseñarlos a cualquiera, lo que equivaldría a enseñarle a razonar correctamente, de una vez y para siempre.
Él y muchos de sus seguidores han identificado ciertas formas lingüísticas que declaran argumentos válidos, sin importar los detalles. Por ejemplo, si todo ambureto es ministerado y todo ministerado es creditoso, entonces, concluye el argumento, todo ambureto es creditoso. No importa qué significan "ambureto", "ministerado" y "creditoso" (confío que sea la primera vez que Ud lee estas palabras. Pero realmente no importa).
Los matemáticos dicen, desde luego, que es un asunto matemático. Si A pertenece a M y M pertenece a C, entonces A pertenece a C. No hay escape. No hay que someterlo a votación.
Así que la validez del argumento no depende de la naturaleza de las cosas, sino más bien de que tan bien codifica la naturaleza de las relaciones entre las cosas.
Noten, en particular que si ningún ambureto es ministerado, ningún ministerado es creditoso y ningún ambureto es creditoso, en ese mismo escenario, aquel argumento sigue siendo válido.
Es decir, el asunto terminológico no es condicionante para los argumentos. Y debido al carácter arbitrario de los términos que usamos al referirnos a cosas, conceptos y relaciones, esa independencia de los argumentos lógicos es una buena noticia (aunque tenga más de 20 siglos).
Podría ayudarnos a salvar discusiones terminológicas en las que se sufra de ambigüedad, que es inaceptable en la lógica, o también de vaguedad, que no sólo es aceptable en la lógica, sino recomendable para manejar la complejidad.
O podría, incluso, ayudarnos a escapar de esos ejercicios muy poco democráticos que explotan una suerte de retórica ofuscacionista, buscando oscurecer los argumentos para que nadie los entienda (y, así, fácilitar la manipulación de los electores). Como dice el viejo adagio (viejo en las Universidades): "si no puedes convencerlos, confúndelos".
Por ejemplo, si alguien dice:
"El conocimiento debería estar disponible para el Pueblo, no sólo para las instituciones"
reemplazar "Pueblo" por "Sociedad" en esa oración alegando que "todos somos Pueblo" es completamente inútil. El alegato refuerza, de hecho, el punto del declarante (siempre suponiendo que las instituciones son parte del Pueblo, pero no son todo el Pueblo).
si luego se declara que con esta versión basta:
"El conocimiento debería estar disponible para el Pueblo"
entonces queda claro que se pretende ofuscar la declaración inicial de manera que no se note la acusación contra las instituciones.
Someter luego ambas versiones a votación para escoger la más clara, alegando que la "aplanadora democrática" resolverá la disputa, es un ejercicio necio.
Algo similar ocurre cuando se exige que se asiente este texto:
"El caso es que los mecanismos tradicionales de publicaciones impresas y digitales (libros y revistas) suponen que los autores ceden, a cambio de esa visibilidad y el prestigio asociado, los derechos de copia y distribución de sus contenidos en publicaciones de las instituciones universitarias y de casas editoriales comerciales, entre cuyos modelos de negocio prevalece la venta de cada copia, incluso en la misma comunidad en donde se generan los contenidos."
en lugar de este:
"El caso es que los mecanismos tradicionales de publicación suponen que los autores ceden, a cambio de esa visibilidad y el prestigio asociado, los derechos de copia y distribución de sus contenidos en publicaciones de casas editoriales comerciales, cuyos modelos de negocio dependen de la venta de cada copia, incluso en la misma comunidad en donde se generan los contenidos."
alegando que el primero es más completo (porque incluye más términos y más detalles), obviando, muy adrede, que no se altera el caso en cuestión. Sólo se lo hace más difícil de entender.
Ese tipo de reducción de la democracia: la simulación de los ejercicios de decisión en los que se nos pide escoger entre (muchas) palabras o términos sin contexto, le ha traído a la democracia gran desprestigio.
Es un ejercicio, mucho me temo, del que no escapará ningún sistema democrático moderno. Hay intereses individuales que, simplemente, no aguantan el ojo público ("yo quiero esa parte de la renta") y, para disimularlos, por fortuna, el único recurso posible parece ser esa retórica ofuscacionista (digo, por fortuna, porque en otro tiempo o lugar, la violencia física ha sido un recurso).
Por ejemplo, si en la discusión sobre permitir el acceso abierto a todos los contenidos académicos alguien esgrime que "mejor nos ocupamos sólo de lo nacional", está tratando de forzar que el problema de financiamiento en divisas internacionales para contenidos académicos no existe o no importa.
En el mismo contexto, si alguien dice "no seamos extremistas, declaremos acceso abierto sólo para las tesis", está tratando de desvirtuar el acceso abierto excluyendo justamente aquello que causa el mayor daño por los costos en divisas que implica. Las tesis normalmente son realizadas sin cobrar honorarios ni regalías.
Nuestra preocupación fundamental gira en torno a ese vacío de razones que supone un colapso del lenguaje y que parece caracterizar a esos giros "democráticos" en los argumentos públicos.
Como decíamos en otro lugar, no es que el colectivo no tenga o no pueda tener la razón. Pero tampoco es que el colectivo siempre tenga la razón. Colectivos e individuos podemos equivocarnos cuando nuestras creencias (por ejemplo, aquellas que describen las dinámicas del universo) no están bien formadas o informadas. En esos contextos, la existencia de individuos que, valientemente, se atreven a defender sus puntos de vista, aún enfrentando a una abrumadora mayoría (que podría "aplanarlos") es una condición vital para esas mismas sociedades democráticas.
El acceso abierto, por ejemplo, es una solución tardía a un problema que algunos debieron ver hace mucho o que quizás vieron, pero no tuvieron el valor de denunciar.
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